viernes, 27 de septiembre de 2013

LA PRODUCTIVIDAD Y LOS COLORES.


     Esta si que es buena, ¿acaso no es la mejor opción decorar el espacio de mi compañía con los colores corporativos? ¿No es la mejor opción para hacer que mis empleados se sientan parte de esta gran familia que es mi compañía? ¿Me están diciendo que es perjudicial para la productividad?
Pues… es muy posible.
             
   Resulta que los colores, al igual que el resto de características del espacio de trabajo, distribución, iluminación, mobiliario, climatización, etc…, afectan también a la productividad de los empleados.
               
    El color altera la tensión arterial, la tensión en músculos, nervios, y aparte, nuestro cerebro lo asocia con distintas situaciones, con lo que afecta a nuestro estado de ánimo, y según esté éste así trabajaremos. Por ejemplo, los colores relacionados con el naranja favorecen la interacción, la comunicación, la negociación, ¿curioso verdad? Por el contrario, los verdes favorecen la relajación, la creatividad, el trabajo individual,…
                
   Todo esto refuerza la idea de que la selección y diseño de un espacio de trabajo debe responder a las necesidades de la compañía como unidad, pero también, y es muy importante, a las necesidades de la plantilla, y definirse en base a ellos, del mismo modo que un CPD se diseña en base a los equipos que contiene.
                
    Bien, ya sabemos que los colores afectan directamente al estado de ánimo de las personas, pero, ¿afectan de otra manera? Si, y de qué manera.
                
   En primer lugar, la unión de ciertos colores, con el tipo de material y una cierta iluminación, puede provocar deslumbramientos, generando molestias a las personas afectadas por ellos. Como se puede ver la elección del color va íntimamente relacionada con la iluminación del espacio, o al contrario, y con acabado de los materiales empleados.
                
    También hemos de tener cuidado con el campo de visión de cada trabajador, si en ese campo de visión tenemos grandes contrastes de color, aparte de dificultar la concentración, pueden producir cansancio, al tener el ojo que adaptarse continuamente a esos cambios tan importantes. No olvidemos que estamos diseñando un espacio de trabajo, y la prioridad que debe estar por encima de todas es favorecer el incremento de productividad de los empleados.
                
    Pero, ¿y económicamente? ¿Puede afectar de una forma positiva o negativa económicamente hablando? Pues de nuevo la respuesta es sí.
                
    Empleando colores claros en los techos con una alta capacidad de reflexión (superior al 60%) podremos reducir la iluminación necesaria aunque mantengamos un tono oscuro en el suelo y con una reflexión inferior al 30%, necesario en muchos casos por razones de durabilidad. Un mobiliario en tonos claros, unas paredes en colores cálidos, siempre ayudarán a reducir la necesidad de iluminación artificial. Ahora, ojo con los deslumbramientos, cuidemos la textura de los materiales.
                
    En oficinas con colores fríos, de aspecto tétrico, en muchos casos, en un intento por hacer más acogedora la oficina, se aumenta la temperatura, con el sobrecoste en climatización que ello conlleva, empleando colores cálidos, como el crema, el melocotón, cambiamos esa situación, haciendo más acogedora y cálida la oficina. Otro ahorro económico.

                
    ¿A qué conclusión llegamos? Sencillo, los colores son un elemento más analizar en un espacio de trabajo, pero a analizarlo desde el punto de vista funcional, desde la óptica del incremento de productividad por encima de cualquier visión meramente decorativa.

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